lunes, enero 31, 2005

(Parte II)

Yo no me considero asesino ni todas las demás cosas sin sentido que dicen de mí la gente... y es que no me conocen. Si me conocieran y conocieran, sobre todo, mi forma de pensar, de razonar, de solucionar los problemas, no tengo duda alguna que muchos comenzarían a pensar y actuar como lo hago. Pero no quiero profundizar en este tema. Les contaré lo que Uds. están esperando leer, como solucioné mi último problema: mi esposa. No tengo que contarles mucho sobre esto. Lo que sí tengo que decirles es que no soy hombre de aguantar muchas pulgas. Si algo me molesta tomo medidas correctivas.
Mi esposa: que dolor de cabeza. Relatar como se degradó esa cosa llamada matrimonio es mucha lata... ¡Ja! Si seremos estúpidas las personas.

Fue un domingo... el más liberador de los domingos de mi existencia...

(Parte I)

Me siento bien. No tengo problemas, al menos no tengo los mismos problemas que tenía hasta hace unos pocos días. Los nuevos se presentan mucho más interesantes, retadores... aún cuando no sé exactamente como podré resolverlos. La cárcel será mi nuevo hogar. Ahora que soy considerado un asesino, un homicida -y no lo digo yo, lo dicen ellos: la policía, los medios, la gente- sólo recibo golpes de aquellos que me capturaron, propalan biografías tergiversadas, familiares que quieren justicia con sus manos... a ellos les digo: "¡Váyanse a la mierda!". No estoy arrepentido. Y si pudiera hacerlo de nuevo, lo haría... y lo haría mejor.

domingo, enero 30, 2005

La naturaleza no deja de ser irónica. ¿Por qué? Su creación más perfecta se halla al borde de la extinción: el hombre. No pudimos evitar finalmente nuestra destrucción. ¿De qué sirvieron miles de años de evolución, de pensamiento lógico, de uso de la razón?. No se sabe exactamente quien inició la guerra nuclear, si los yanquis o los israelitas -¿o se dice israelís?- lo único claro es que se jodieron -y de pasadita al resto de la humanidad- al tener un sentimiento recíproco de índole atómico. Quince años en los que he vagado sin hallar rastro alguno de otras personas sobrevivientes, o al menos, hasta hoy que hallé a una mujer de edad indefinible y ojos que reflejaban el cansancio y la desolación de quince años sobre su espalda. Al parecer es una mujer de carácter firme, de ideas claras, pues me dijo: "Si no hallamos otras personas, otros hombres y/o mujeres, con los que iniciar una nueva sociedad, Ud. y yo tendremos que iniciarla. No importa el amor ni lo que sienta por mí. Sólo interesa su semilla y mi matriz". ¿Dije que la naturaleza no deja ser irónica? Exacto. Lo dije, soy el elegido de los dioses, la esperanza de la humanidady, al parecer, el único sobreviviente homosexual del planeta.

sábado, enero 29, 2005

Yo no tengo culpa alguna de todo lo que sufriste a lo largo de tu vida. ¿Es qué nadie te brindó amor? ¿Cómo? ¿Sólo recibiste palizas y caricias inmundas de tu padre? ¿Tu madre levanta el brazo y con dedo acusador te señala como la culpable que tu padre haya muerto? No puedo creerlo. Son fantasmas que tu mente ha creado para tener una razón valedera para hacer lo que haces. Sí, me imagino que no es la primera vez ¿no?. Ahora entiendo porque buscas trabajo como empleada del hogar, te vistes de "esa" manera cuando no hay más que hombres en la casa, provocando, insinuando... y cuando dan el primer paso, los envuelves, haces que jueguen tu juego, los llevas como lleva una madre a su hijo por la calle, pero tus intenciones no son nada puras, sanas. Eso pasó conmigo. Y eso les pasó con quienes trabajaste antes. Creas las situaciones y te haces creer que eres la víctima, la que sufre vejaciones, maltratos y no hay quien te socorra. ¿Por eso los mataste, verdad? En recuerdo de tu padre... lo asesinaste. Nadie pudo culparte porque no hubo pruebas, así como no las habrán cuando acabes conmigo ¿no es así?. Realiza de una vez tu acto homicida, quizás me lo merezca. Deja caer el cuchillo y termina con este juego, este juego del que no seré partícipe ya más.

Casi la 01:00 a.m. y aunque dicen que iniciar cualquier cosa, lo que sea o fuera, es lo más difícil no lo es tanto comparado con el hecho de poder mantenerlo a través del tiempo. Mi tiempo, no áquel que rige como un todo el curso de la naturaleza, la vida y todo aquello que podamos imaginar, sino el mío propio, que, al fin y al cabo, es lo más importante (y lo es para cada uno de nosotros). Mi tiempo. Y es desalentador, en cierta medida, constatar que no es nuestro, pues de serlo no lo dejariamos avanzar, proseguir, discurrir en esa lenta marcha que desembocará en una no-existencia terrenal. Ojalá, de verdad, ojalá, el fin de la no-existencia física sea la antesala para un existencia atemporal, infinita y, principalmente, sin ningún tipo de recuerdo.

Bienvenidos.